da cobijo a las constelaciones
a las que dedican canciones,
que después interpreta la tuna.
Llora y llora el niño desde la cuna,
preocupado por aquellos leones,
que amenazaban sus aspiraciones
y no le dejan ver aquella duna.
Sus padres desesperados caminan,
buscando esa duna de la playa,
mientras aquellos pajarillos trinan.
Es enorme la playa de Vizcaya,
pues de caminar aún no terminan,
ya amanece, ya miran la atalaya.
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